Los productos derivados de la alfarería
fabricados en la prehistoria, se anticiparon al uso de los metales.
Como las técnicas de elaboración se perfeccionaron
paulatinamente a lo largo de los siglos, la excavación
de artículos utilitarios y objetos artísticos permite
una datación muy exacta. Los más antiguos tienen
mas de 10.000 años. En la actualidad los productos cerámicos
comprenden los fabricados con caolín y arcillas, desde
lozas y porcelanas hasta tejas y ladrillos.
CAOLIN. El caolín es un polvo blancuzco e insoluble en
agua. Arrastrado por las lluvias se dispersa finisimamente y se
mantiene en suspensión. En la desembocadura de un río
sedimenta, acumulándose acompañado de otros silicatos,
óxidos de hierro, piedras calizas y restos orgánicos.
El resultado final son las arcillas, silicatos de aluminio muy
impurificados, cuyas propiedades dependen de la composición.
Su coloración, por ejemplo, varia del amarillo claro al
pardo rojizo. La característica distintiva del caolín
y las arcillas es su plasticidad: amasados con agua se convierten
en una pasta semisólida, fácilmente modelable. La
pasta arcillosa es blanca y untuosa al tacto. Expuesta al aire
se deseca y endurece. El sólido obtenido es frágil
y desmenuzable en presencia de aire. La cocción, por calentamiento,
produce cambios íntimos e irreversibles en las arcillas.
El objeto cocido es compacto y resistente, conservando su forma
indefinidamente. Aunque sea molido, su polvo ya no empasta nuevamente
con agua. La cocción transforma al caolín y las
arcillas en productos cerámicos.
TIPOS DE ARCILLAS. Arcillas plásticas,
que, como lo indica su nombre, tienen buena plasticidad y ablandan
entre 1000 y 1200º C. Pueden ser: Grasas: Son sumamente plásticas.
En su composición química hay mas de 15% de aluminio.
Magras: El producto cerámico suministrado por arcillas
poco plásticas, con menos de 15% de aluminio, es poroso
y frágil. Arcillas Refractarias, empastan mal con el agua
y no demuestran mucha plasticidad. Ablandan a los 1600º C,
asemejándose al caolín, que lo hace a 1800º
C
TIPOS, PROCEDIMIENTOS Y TÉCNICAS.
La loza es una cerámica porosa cocida por lo general a
la temperatura más baja del horno (900-1.200º C).
En función de la clase de arcilla utilizada, al cocerse
adquiere color amarillo, rojo, pardo o negro. Es preciso barnizarla
para hacerla resistente al agua. Casi toda la cerámica
pintada de la antigüedad y del medievo, tanto la de Oriente
Próximo como la europea, es de tipo loza, como la mayoría
de las vajillas de uso doméstico actuales. El gres, resistente
al agua y mucho más duradero, se consigue cociendo la arcilla
a una temperatura de 1.200-1.280º C. Adquiere así
un color blanco, amarillo, gris o rojo y se barniza sólo
por motivos estéticos. La cerámica cocida a unos
1.200º C a veces recibe el nombre de cerámica de media
cocción; su tratamiento como loza o gres varía de
una arcilla a otra.
PREPARACIÓN Y MANEJO DE
LA ARCILLA. El ceramista puede eliminar algunas de las impurezas
propias de las arcillas secundarias o mezclarlas en diversas proporciones
para lograr efectos diferentes. Cierta cantidad de impurezas en
la arcilla ayuda a que la vasija mantenga su forma durante la
cocción y los ceramistas que utilizan arcilla de grano
fino suelen `atemperarla' añadiendo materiales burdos como
arena, piedra pulverizada, conchas molidas o grog (arcilla cocida
y pulverizada) antes de trabajarla. La plasticidad de la arcilla
permite utilizar diferentes métodos para darle forma. Se
puede aplastar y moldearla después presionando contra la
parte interna o externa de un molde de piedra, mimbre, arcilla
o escayola. La arcilla líquida puede verterse en moldes
de este material. Un recipiente puede formarse con rollos de arcilla:
se amasa la arcilla con las palmas de las manos y se extiende
formando rollos largos, a los que luego se da forma de anillo.
Superponiendo varios anillos se va formando el recipiente. También
puede tomarse una bola de arcilla y presionarla con los dedos
hasta darle la forma deseada. La técnica más compleja
es la de moldearla en el torno de alfarero. El torno, inventado
hacia el año 4000 a.C., consiste en un disco plano que
gira de forma horizontal sobre un pivote. Con las dos manos —una
en la parte externa y la otra en el interior— se va dando
forma a una bola de arcilla colocada en el centro de la rueda
giratoria. Algunas ruedas se mueven gracias a una varilla que
encaja en una muesca de la rueda, que normalmente mueve un ayudante.
Es el método llamado `de torno movido a mano' y el clásico
entre los ceramistas japoneses. En Europa en el siglo XVI se añadió
un accesorio que, colocado en un marco, permitía al ceramista
controlar la rueda con el pie. En el siglo XIX se añadió
una barra o pedal y en el siglo XX la rueda eléctrica de
velocidad variable ha permitido regular la velocidad de rotación.
El mismo principio del torno de los alfareros se aplica en equipos
mecanizados, pero en lugar de las manos hay sistemas de perfiles
y cuchillas.
SECADO Y HORNEADO. Para que la
arcilla no se rompa al cocerla, primero debe dejarse secar al
aire. Si está bien seca, es porosa y relativamente blanda,
puede cocerse directamente en un horno abierto a una temperatura
de 650-750º C; este es el modo en que se cocía la
cerámica primitiva. Los primeros hornos se utilizaron hacia
el año 6000 a.C. Tanto los hornos de madera como más
tarde los de carbón, gas y electricidad requieren un control
muy riguroso para lograr el efecto deseado en la obtención
de loza o gres, pues pueden conseguirse efectos diferentes por
aumento de la cantidad de oxígeno en la combustión
(con la adecuada ventilación para producir grandes llamas)
o reduciendo el oxígeno con la obstrucción parcial
de la entrada de aire en el horno. Una arcilla rica en hierro,
por ejemplo, se volverá de color rojo si se cuece con un
fuego rico en oxígeno, mientras que en un horno pobre en
oxígeno se volverá de color gris o negro, pues el
óxido rojo de hierro de la arcilla se convierte en óxido
negro de hierro al desprenderse la arcilla de una molécula
de oxígeno para compensar la falta de éste en el
horno
Fuente www.arqhys.com
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