Las dos tipologías más relevantes
de la arquitectura desarrollada por las distintas civilizaciones
mesoamericanas fueron la pirámide y el juego de pelota.
La pirámide americana es diferente de la egipcia no sólo
por su forma —escalonada y truncada en su parte superior—,
sino también por su función, que es la de acoger
un santuario o templo en la meseta más elevada.
Una práctica habitual era levantar las pirámides
por capas, de forma que se construía un edificio nuevo
rodeando al antiguo cada 52 años, que era el ciclo establecido
para la renovación del mundo. El juego de pelota, que no
era un deporte sino un espectáculo ritual, solía
estar relacionado con las pirámides y consistía
en un espacio amurallado de planta en doble T. La cultura maya
se extendía desde la península de Yucatán
hasta Belice, Honduras y Guatemala, y su periodo de mayor esplendor
tuvo lugar entre los siglos IV y XI. Una de las primeras grandes
ciudades mayas es la de Tikal (Guatemala), de la que se conserva
un enorme recinto sagrado (siglos III-VIII) con numerosas pirámides.
Sobre las plataformas de estas pirámides
se elevan los templos o santuarios, con un espacio interior cubierto
por una falsa bóveda típica de la arquitectura de
esta civilización. Otro de los centros florecientes en
la época clásica fue Copán (Honduras), un
centro de estudios astronómicos donde se conserva la monumental
Escalera de los jeroglíficos (siglos VII-VIII), así
como uno de los juegos de pelota más hermosos de la civilización
maya. El Palenque (llamado así por los españoles
por ser un recinto amurallado) fue el centro de esta cultura en
México y su edificio más emblemático es el
templo de las Inscripciones (siglos VII-VIII), situado sobre una
pirámide que, en este caso, contiene una cámara
sepulcral. Ya en el primer milenio de la era cristiana, el guerrero
Kukulcán fundó la ciudad de Chichén Itzá
sobre la llanura de Yucatán. La arquitectura de esta ciudad
tiene una enorme influencia de la zona que está al norte
de la capital mexicana, como muestran el templo de los Guerreros
(siglos XI-XII) y la pirámide del Castillo (siglos XI-XII),
que siguen los modelos toltecas de la ciudad de Tula. Otros edificios
emblemáticos de Chichén Itzá son el Caracol
(un observatorio astronómico al que se accede a través
de una escalera de caracol) y el famoso Juego de Pelota, flanqueado
por unos muros monumentales que están ricamente esculpidos.
También en la península de Yucatán se encuentra
Uxmal, cuyo hermoso palacio del Gobernador (siglos X-XI), erigido
sobre una meseta artificial, muestra la maestría compositiva
que se alcanzó en la etapa final del arte clásico
maya. Véase Arte y arquitectura mayas.
La llamada cultura de La Venta (800-400
a.C.), probablemente relacionada con el pueblo olmeca, parece
haber sido una de las primeras y también la más
influyente de todo el continente americano. Su efecto se aprecia
en las edificaciones de Monte Albán (siglos VI-IX), una
acrópolis zapoteca sobre la ciudad de Oaxaca, o en el palacio
de las Columnas (siglo XV) de Mitla, también en Oaxaca,
con sus espectaculares muros recubiertos de mosaicos. Otra de
las civilizaciones mesoamericanas interesantes es la de El Tajín,
que ha legado su Gran Pirámide (siglo VII) de nichos tallados
sobre las paredes verticales. Sin embargo, la gran cultura clásica
del centro de México fue Teotihuacán, situada sobre
la llanura noroeste de México-Tenochitlán. Su obra
más fabulosa es la gran pirámide del Sol (siglo
II a.C.), un edificio de 72 m de altura y 240 metros cuadrados
de extensión, cuyo conjunto completan la pirámide
de la Luna y un área en terraplenes conocida como La Ciudadela.
Hacia el siglo IX, la cultura teotihuacana sucumbió al
empuje del pueblo tolteca que introdujo el culto a la serpiente
emplumada Quetzalcóatl, una imagen que representan a menudo
en los bajorrelieves de sus templos. La capital tolteca era Tula,
donde se conserva la pirámide del templo de la Estrella
de la Mañana (c. 900), construida en cinco niveles de 2
m de altura. Un centro que ejemplifica la transición de
la época clásica a la tolteca es Xochicalco (casa
de las flores), en el actual estado de Morelos, México;
su magnífico templo de Quetzalcóatl está
adornado con bajorrelieves y glifos.
Fuente /www.arqhys.com.