Los diferentes tipos de acero se
agrupan en cinco clases principales:
Aceros al carbono.
Más del 90% de todos los aceros son aceros al carbono.
Estos aceros contienen diversas cantidades de carbono y menos
del 1,65% de manganeso, el 0,60% de silicio y el 0,60% de cobre.
Entre los productos fabricados con aceros al carbono figuran máquinas,
carrocerías de automóvil, la mayor parte de las
estructuras de construcción de acero, cascos de buques,
somieres y horquillas o pasadores para el pelo.
Aceros de baja aleación
ultra resistentes. Esta familia es la más reciente de las
cinco grandes clases de acero. Los aceros de baja aleación
son más baratos que los aceros aleados convencionales ya
que contienen cantidades menores de los costosos elementos de
aleación. Sin embargo, reciben un tratamiento especial
que les da una resistencia mucho mayor que la del acero al carbono.
Por ejemplo, los vagones de mercancías fabricados con aceros
de baja aleación pueden transportar cargas más grandes
porque sus paredes son más delgadas que lo que sería
necesario en caso de emplear acero al carbono. Además,
como los vagones de acero de baja aleación pesan menos,
las cargas pueden ser más pesadas. En la actualidad se
construyen muchos edificios con estructuras de aceros de baja
aleación. Las vigas pueden ser más delgadas sin
disminuir su resistencia, logrando un mayor espacio interior en
los edificios.
Aceros inoxidables. Los aceros
inoxidables contienen cromo, níquel y otros elementos de
aleación, que los mantienen brillantes y resistentes a
la herrumbre y oxidación a pesar de la acción de
la humedad o de ácidos y gases corrosivos. Algunos aceros
inoxidables son muy duros; otros son muy resistentes y mantienen
esa resistencia durante largos periodos a temperaturas extremas.
Debido a sus superficies brillantes, en arquitectura se emplean
muchas veces con fines decorativos. El acero inoxidable se utiliza
para las tuberías y tanques de refinerías de petróleo
o plantas químicas, para los fuselajes de los aviones o
para cápsulas espaciales. También se usa para fabricar
instrumentos y equipos quirúrgicos, o para fijar o sustituir
huesos rotos, ya que resiste a la acción de los fluidos
corporales. En cocinas y zonas de preparación de alimentos
los utensilios son a menudo de acero inoxidable, ya que no oscurece
los alimentos y pueden limpiarse con facilidad.
Fuente www.arqhys.com
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